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C. H. Spurgeon

Acerca de la liberación del pecar

Del libro "All of Grace" (Todo por gracia)

(Traducción abreviada)

En este lugar quisiera decir una palabra clara a aquellos que comprenden la justificación por fe que es en Cristo Jesús, pero que no pueden dejar de pecar. Nunca podremos estar felices, tranquilos, o espiritualmente sanos, mientras no seamos santos. Tenemos que ser libres del pecado; ¿pero cómo conseguimos esta libertad? Este es el asunto de vida o muerte para muchos.
La naturaleza vieja es muy fuerte, y han intentado doblarla y domarla; pero no se deja domar, y encuentran que solo se vuelven peores que antes. El corazón es tan duro, la voluntad tan obstinada, las pasiones tan furiosas, los pensamientos tan volátiles, la imaginación tan ingobernable, los deseos tan salvajes, que el hombre siente que tiene una cueva de bestias salvajes dentro de él, que le devorarán antes de someterse a él. Un hombre podría igualmente intentar detener el viento con su mano, que controlar por su propia fuerza estos poderes impetuosos dentro de él. Esta es una hazaña más grande que cualquiera de los famosos trabajos de Hércules: necesitamos a Dios aquí.

"Yo podría creer que Jesús perdona el pecado", dice uno, "pero mi problema es que vuelvo a pecar, y que siento unas tendencias tan horribles dentro de mí. Tan cierto como una piedra, lanzada al aire, pronto vuelve a caer por tierra, así yo vuelvo siempre a mi estado insensible. Tan fácilmente soy fascinado por el pecado, y me encuentro como bajo un encanto, que no puedo escapar de mi propia necedad."

(N.d.Tr: ¡Bienaventurado el que por lo menos reconoce su problema de esta manera, y busca solución; la encontrará! El problema con muchos "cristianos" hoy es que ni siquiera reconocen el problema: siguen pecando y creen que esto es "normal". Por favor lea también "Persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma".)

Querido amigo, la salvación sería un asunto tristemente incompleto, si no cuidaría de esta parte. Queremos ser purificados, no solo perdonados. Una justificación sin santificación no sería ninguna salvación en absoluto. Sería como llamar a un leproso limpio, y dejarlo morir en su enfermedad; sería como perdonar al sedicioso, y permitir que permezca en su enemistad contra su rey. Sería remover las consecuencias, pero pasar por alto la causa.
Recuerda que el Señor Jesús vino para quitar el pecado de tres maneras: El vino para remover el castigo del pecado, el poder del pecado, y, finalmente, la presencia del pecado. De una vez puedes alcanzar la segunda parte - el poder del pecado puede ser quebrantado inmediatamente; y entonces estarás en camino hacia lo tercero, o sea, la liberación de la presencia del pecado. "Sabemos que él fue manifestado para quitar nuestros pecados."

El ángel dijo de Jesús: "Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados." Nuestro Señor Jesús vino para destruir en nosotros las obras del diablo. Lo que fue dicho en el nacimiento de nuestro Señor, fue también declarado en su muerte; pues cuando el soldado traspasó Su costado, salió sangre y agua, para mostrar el doble remedio por el cual somos librados de la culpa y de la contaminación del pecado.

Sin embargo, si estás preocupado por el poder del pecado, y por las tendencias de tu naturaleza, aquí hay una promesa para ti. Ten fe en ella, porque es parte de este pacto de gracia que está ordenado en todas las cosas y seguro. Dios, quien no puede mentir, dijo en Ezequiel 36:26:

"Un nuevo corazón te daré, y un espíritu nuevo pondré dentro de ti; y quitaré el corazón de piedra de tu carne, y te daré un corazón de carne."

Ves que todo es "Yo daré", y "Yo pondré", "Yo quitaré", y "Yo daré". Este es el estilo real del Rey de reyes, quien es capaz de cumplir toda Su voluntad. Ninguna de estas palabras jamás caerá por tierra.

El Señor sabe muy bien que tú no puedes cambiar tu propio corazón, ni puedes limpiar tu propia naturaleza; pero El sabe también que El puede hacer ambos. El puede cambiar la piel del etíope, y las manchas del leopardo. Escucha esto y asómbrate: El puede crearte por segunda vez; El puede hacer que vuelvas a nacer. Este es un milagro de gracia, pero el Espíritu Santo lo hará.
Sería algo muy maravilloso, si alguien pudiera pararse al pie de las cataratas Niagara, y pudiera hablar una palabra que causaría el río Niagara correr hacia arriba, y saltar hacia arriba por ese gran precipicio sobre el cual está cayendo. Nada aparte del poder de Dios podría hacer esa maravilla; pero esto sería una paralela apropiada a lo que sucedería si el rumbo de tu naturaleza sería completamente invertido. Todas las cosas son posibles para Dios. El puede revertir la dirección de tus deseos, y la corriente de tu vida; y en vez de caer abajo al pecado, El puede hacer que tu entero ser se dirija hacia arriba, hacia Dios. Esto es, de hecho, lo que el Señor ha prometido hacer para todos los que están en el pacto; y sabemos desde las Escrituras que todos los (verdaderos) creyentes están en el pacto. Déjame leer las palabras una vez más:

"Un nuevo espíritu pondré dentro de ti; y quitaré el corazón de piedra de tu carne, y daré un corazón de carne." (Ezequiel 11:19).

¡Qué promesa maravillosa! Y es Sí y Amén en Cristo Jesús para la gloria de Dios por nosotros. Echemos mano de ello; aceptémoslo como verdad, y apropiémonos de ello. Entonces se cumplirá en nosotros, y después de días y años, podremos cantar del cambio maravilloso que la gracia soberana de Dios hizo en nosotros.

Es digno de consideración que cuando el Señor quita el corazón de piedra, esto está hecho; y una vez hecho, ningún poder puede volver a quitar este nuevo corazón que El da, y este espíritu recto que El pone dentro de nosotros. "Los dones y el llamado de Dios son irrevocables"; esto es, irrevocables de parte de Dios; El no quita lo que El una vez dio. Deja que El te renueve, y serás renovado. Las enmiendas y limpiezas del hombre pronto llegan a un fin, porque el perro vuelve a su vómito; pero cuando Dios pone un nuevo corazón dentro de nosotros, el nuevo corazón está allí para siempre, y nunca se volverá piedra otra vez. El que lo hizo carne, lo mantendrá así. En esto podemos alegrarnos para siempre en lo que Dios crea en el reino de su gracia.

Para decirlo de manera muy sencilla - ¿alguna vez escuchaste de la ilustración del Sr.Rowland Hill acerca del gato y el cerdo? La daré a mi propia manera, para ilustrar las palabras expresivas de nuestro Salvador: "Necesitas nacer de nuevo". ¿Ves aquel gato? ¡Qué criatura limpia! ¡Cuán diligentemente se lava con su lengua y sus patas! ¡Se ve bien bonito! ¿Alguna vez viste un cerdo hacer esto? No, nunca. Sería contrario a su naturaleza. El cerdo prefiere revolcarse en el lodo. Anda y enseña a un cerdo a lavarse, y verás cuan poco éxito tendrás. Sería una gran mejora sanitaria si los chanchos serían limpios. ¡Enséñales a lavarse y limpiarse como lo hace el gato! Tarea inútil. Podrías lavar el cerdo a la fuerza, pero correrá al lodo y pronto estará tan sucio como antes. La única manera de conseguir que el cerdo se lave, es transformarlo en un gato; entonces, y solo entonces, se lavará y estará limpio. Supongamos que hubiéramos logrado esta transformación, entonces lo que fue imposible es ahora muy fácil; desde ahora podrás tener el cerdo en la sala de tu casa.
Así es un hombre impío; no puedes forzarlo a hacer lo que hace un hombre renovado voluntariamente; podrías enseñarle, y darle el buen ejemplo, pero él no puede aprender el arte de la santidad, porque no está dispuesto para ello; su naturaleza le lleva en otra dirección. Cuando el Señor haga un hombre nuevo de él, entonces todo será diferente. Tan grande es este cambio, que una vez escuché decir a un convertido: "O el mundo entero ha cambiado, o yo he cambiado." La naturaleza nueva sigue el bien, tan naturalmente como la naturaleza vieja sigue el mal. ¡Qué bendición es recibir una naturaleza nueva! Solo el Espíritu Santo la puede dar.

¿Alguna vez pensaste en lo maravilloso que es cuando el Señor da un nuevo corazón, y un espíritu recto, a un hombre? Quizás has visto un camarón que había peleado con otro camarón, y había perdido una de sus pinzas, y le creció una pinza nueva. Esto es algo notable; pero es algo mucho más asombroso que un hombre reciba un nuevo corazón. Este es realmente un milagro más allá de los poderes de la naturaleza. Mira un árbol. Si cortas una de sus ramas, otra puede crecer en su lugar; pero ¿puedes cambiar el árbol mismo; puedes endulzar una savia amarga; puedes hacer que el espino dé higos? Puedes injertar algo mejor en él, y esta es la analogía que la naturaleza nos da de la obra de la gracia; pero cambiar absolutamente la savia vital del árbol, sería realmente un milagro. Un tal prodigio y misterio de poder obra Dios en todos los que creen en Jesús.

Si te entregas completamente a Su obra divina, el Señor cambiará tu naturaleza; El subyugará la naturaleza vieja, e inspirará una vida nueva en ti. Pon tu confianza en el Señor Jesucristo, y El quitará el corazón de piedra de tu carne, y te dará un corazón de carne. Donde todo estaba duro, todo será tierno; donde todo estaba vicioso, todo será virtuoso; donde todo se inclinaba hacia abajo, todo se elevará hacia arriba con fuerza impetuosa. El león de la ira dará lugar al cordero de mansedumbre; el cuervo de la impureza escapará ante la paloma de la pureza; la vil serpiente del engaño será aplastada debajo de los talones de la verdad.

He visto con mis propios ojos unos cambios morales y espirituales tan maravillosos, que no desespero de nadie. Yo podría señalar mujeres que eran impúdicas y ahora son puras como la nieve; y hombres que eran blasfemos y ahora encantan a todos con su devoción intensa. Ladrones se volvieron honestos, borrachos se volvieron sobrios, mentirosos se volvieron veraces, y burladores se volvieron celosos por Dios. Dondequiera que la gracia de Dios apareció a un hombre, le educó a abandonar la impiedad y las codicias mundanas, y a vivir sobria, recta y piadosamente en este mundo malo presente; y, querido lector, hará lo mismo por ti.

"No puedo hacer este cambio", dice uno. ¿Quién dijo que puedes? La Escritura que hemos citado, habla no de lo que el hombre hará, sino de lo que Dios hará. Es la promesa de Dios, y es Su asunto cumplir Sus propios compromisos. Confía en El que cumplirá Su palabra para ti, y será hecho.

"¿Pero cómo será hecho?" - ¿Qué te importa a ti? ¿Acaso el Señor tiene que explicarte Sus métodos para que le creas? La obra del Señor en este asunto es un gran misterio; el Espíritu Santo lo hace. El que dio la promesa, tiene la responsabilidad de cumplir la promesa. El lo hará con seguridad en todos los que ponen su confianza en Jesús, porque a todos ellos les da el poder de ser hechos hijos de Dios. ¡Oh, si lo creyeses! ¡Oh, si le hicieses al Señor la justicia de creer que El puede hacerlo, y hará por ti, este gran milagro! ¡Oh, si creyeses que Dios no puede mentir! ¡Oh, si confiases en El por un nuevo corazón, y un espíritu recto, porque El te lo puede dar! ¡Que el Señor te dé fe en Su promesa, fe en Su Hijo, fe en el Espíritu Santo, y fe en El, y a El sea la alabanza y la honra y la gloria para siempre y siempre! Amén.


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